domingo, 1 de junio de 2014

La vida, instrucciones de uso - Georges Perec


La vida, instrucciones de uso es una novela que a mí personalmente me ha parecido maravillosa, aunque las conclusiones que he sacado en esta segunda lectura no tienen nada que ver con la primera. Las historias que al principio me hicieron sonreír luego me dejaron un regusto amargo, porque Perec puede confundirnos con ese estilo tan particular de escribir.
Abrimos  la primera página de la novela, que no es otra cosa que la puerta a todo un edificio ( nº 11, Simon Crubellier, Paris), y nos deja subir las escaleras, y nos da acceso a todos los pisos, nos deja husmear en todos los cajones, en todos los papeles. Perec nos deja vía libre para conocer a todos los inquilinos (pasados o presentes), nos cuenta sus historias, sus dolores, sus tragedias, sus deseos, sus esperanzas, sus inquietudes y sus secretos. Nos deja tocar sus objetos, abrir sus armarios, ver sus fotos. Nos habla de sus amores, de sus llantos, de sus risas, de sus odios. Y sobre todo nos enumera, nos lo enumera todo, nos da largas listas de detalles, de noticias, de libros, de fechas. Perec está obsesionado con largas listas de detalles, y con esta misma obsesión nos acompaña al piso de arriba, nos baja, nos hace girar a la derecha o a la izquierda, nos sube al ático o nos deja en el sótano. Nosotros nos dejamos llevar y él nos guía. Puede parecer una locura, bueno, no, no lo parece, es que lo es.

Leyendo a Perec me he acordado de Proust, no por su estilo, que es completamente diferente, sino por el gusto al detalle. Proust describe con detalle emociones y sentimientos. Perec describe con detalle objetos y hechos. Sin embargo no hay sentimientos en la novela de Perec. Si él consigue que uno se enfade o se llegue a emocionar lo consigue sólo por esa necesidad del lector de inmiscuirse en la lectura, en cada historia.  Él no es un narrador sentimental, él nos cuenta de manera directa, objetiva, lejos de sentimentalismos, lo que ha pasado, lo que está pasando, lo que hay o lo que hubo. Y parte de su magia se debe a eso.

Es una novela para curiosos, para los que gustan de historias dentro de la historia, para los que cada personaje es importante y se le debe su propio momento. Es una obra GENIAL, con mayúsculas, porque hay que ser un genio para hilvanarlo todo y que todo encaje tan perfectamente como uno de los puzzles de Bartlebooth.

Si tienes curiosidad por saber qué es lo que pasa el 23 de junio de 1975, en la calle Simon Crubellier, nº 11, Paris, George Perec te está esperando para abrirte las puertas.

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